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Lectura andina del cuerpo siamés

Lectura andina del cuerpo siamés

Por Tsaywa Cañamar Maldonado [1]

Disponible en la revista Nuevapacha –nuevas voces, nuevos temas, nuevos enfoqueshttps://nuevapacha.home.blog/2019/07/05/lectura-andina-del-cuerpo-siames/


La historia de los pueblos andinos ha sido contada desde un registro patriarcal, colonial. Los cuerpos fuera de este marco han quedado en el silencio de la reflexión o en la negación de su existencia. Estos cuerpos diversos y subjetividades diferentes han sido bloqueadas, y/o divididas, por la ciencia médica. De esta manera se han clasificado cuerpos sanos-normales y los enfermos-“anómalos”. Los cuerpos siameses, aquellos gemelos unidos incluso después del nacimiento han quedado en otra categoría.

 Así, en las siguientes líneas esbozaré una interpretación simbólica de la duplicidad desde las subjetividades, una aproximación a la materialidad de los cuerpos diversxs precolombinos desde el análisis de figurillas arqueológicas y una interrogación al lenguaje a partir de la necesidad de nombrar y poner voz a estos cuerpos no individualizados que rompen con las racionalidades occidentales y eurocentristas.

Aclarado esto, quiero intentar acercarme a los cuerpos siameses, aquellos denominados como los otros. Cuerpos que tienen nombre, que se mueven en su tiempo/espacio, con capacidad de manifestar sus propias esencias, sentidos y potencias. Al respecto, Cristina Burneo, desde la palabray la escritura, llamaría al cuerpo siamés como un cuerpo germinado, un cuerpo uno y doble, complejo y dual. Cuerpos que no necesitan ser completados, cuerpos no individuales que han sido escritos en la literatura y mostrados en el arte. Para ella, este cuerpo está en todos lados.Para mí, esta dupla está incluso dentro de una misma. 

Digo esto porque la siamesidad me ha transitado partiendo del cuerpo hacia mi dualidad interna. Esta siamesidad que ya no es cuerpo doble, sino energías siamesas. Una dualidad compleja que se reconoce en mi yo mi misma, que todo el tiempo converso con mi yo kichwa y mi misma runa. Ambas somos energías en un cuerpo, ishkantin kani, pero lo que se observa al exterior es solo una. Una individualidad. En fin, ésta es una reflexión inicial a modo de permitirme alucinar con las palabras y los sentidos.

Pero, siguiendo con lo que nos interesa y acordando con las palabras de Burneo, quiero retornar al cuerpo siamés interpelando al cuerpo, bajando y retornando hacia éste, a lo material, orgánico e integral. Regresar en sí al cuerpo en concreto. Como segundo punto importante, el cuerpo siamés interpela la imagen porque mientras los sentidos leen lo siamés, crea y conecta imágenes diversas. Por último, la siamesidad interpela este lenguaje castellanizado que de algún modo está creado para nombrar lo individual y no lo complejo/doble. 

Shinaka kallaripashun. Entonces, regresando al cuerpo en materia y, específicamente, al cuerpo siamés ancestral, la antropóloga María Fernanda Ugalde nos muestra con evidencias iconográficas sobre la existencia de cuerpos siameses en las culturas precolombinas ecuatorianas. Su investigación tiene por objetivo darles sentido a estos cuerpos mediante un estudio semiótico de las figurillas, despojándose principalmente de las ideas binarias hombre-mujer. Así reconocer que hay cuerpos y subjetividades que no están en un solo marco conceptual. 

Como kichwa runa warmi me he sentido sólidamente conectada con las figurillas que nos muestra Ugalde. Ellas no son un invento, sino parte de nuestra historia precolombina que merecen ser investigadas y, a partir de allí, pensadas en un campo diverso de subjetividades con cuerpos diversxs. Además seguir indagando en lo andrógino y cómo éste puede habitar un cuerpo (s).

La exploración de María Fernanda Ugalde está enfocada en las iconografías precolombinas de la costa ecuatoriana de los años 3500 a. C.-1500 d. C.  Allí resalta sus hallazgos sobre los cuerpos siameses e identidades queer. Por ejemplo, en el periodo formativo medio, la cultura Machalilla y Chorrera muestran figurillas de ambos sexos y figuras híbridas (figurillas de animales con rasgos humanos); la cultura Tolita tiene figurillas de personajes con atributos físicos de cierto sexo con vestimentas del otro sexo, con lo que da muestras de cuerpos diversxs. 

Lo que más ha llamado la atención es cuando la cultura Tolita y la Bahía muestran figurillas de dos personajes que corresponderían al sexo femenino y masculino, los cuales son interpretadas como matrimonios o parejas y, a diferencia de dos personajes de sexo femenino que son interpretadas como siamesas. Pero esta categoría estaría dentro de los cuerpos con “enfermedades y dolor” gracias a la arqueología heteronormada y patriarcal. De esta manera, reluce el binarismo sano-enfermo dictado por la ciencia sobre estos cuerpos. Igualmente, se puede interpretar a estas figurillas del mismo sexo como parejas y matrimonios sin embargo, no se ha dado el interés para darles tales lecturas sobre las identidades diversas o terceros géneros. 

La intención de Ugalde es proporcionar información desde una mirada más fluida acerca del pasado de la sexualidad y del género mediante el estudio semiótico del cuerpo precolombino. Su análisis se basa principalmente en relacionar el sexo fenotípico de las figurillas con las tradiciones ofrendadas en las funerarias. Hasta ahora existen estudios sobre las figurillas de dos sexos de la Tolita, y se está trabajando por darle una visión en términos de género e identidades.

Es un reto seguir estas investigaciones despojándonos de los marcos binarios, heteronormados que nos limitan a abordar los cuerpos diversxs, los cuerpos siameses para encontrarnos con el sentido que éstas nos pueden proporcionar.  Al respecto, hay un vacío en la historicidad (andina), de la época incaica. Y, si de alguna manera intentamos relacionar la gemelidad con lo siamés, entendiéndolo como cuerpos dobles, entonces en aquella época era un acontecimiento muy importante. Tanto que la mujer que los paría y su familia ascendían de status tras un ritual muy riguroso. 

Silverblatt, basando sus estudios en las crónicas de la colonia e historias andinas, refiere que en ese tiempo se entendía que las mujeres que estaban conectadas con el poder del rayo y la fertilidad lograban dar a luz a hijxs mellizos, gemelos, labios leporinos o los que nacían de pies. Ellxs eran considerados como piedras sagradas, hijxs directos del rayo Illapu, por lo tanto, se debía realizar ritos en honor a este poder sobrenatural. (1990, 57)

Estos datos que comprenden hasta la etapa incaica, dan cuenta de que los otros cuerpos estaban ligados a otros significados y sentidos más amplios. De acuerdo a Burneo, este cuerpo doble que ha existido siempre lleva el nombre de siamés desde 1811, por los hermanos Chang y Eng que nacieron unidos por el esternón en la isla de Siam. De allí su literatura sugerente nos moviliza hacia la doble y única mujer de Pablo Palacio o a la dupla[ 2 ].Desde allí nos muestran las diversas formas de habitar, imaginar y nombrar al cuerpo. Es así que surgen las preguntas como ¿es posible llamar este yo siamés como un individuo o como dos?

Considero que no hay una sola respuesta para esta pregunta, pero dando énfasis al sentido de retornar y volver al cuerpo, significa partir de ella pensándolx como un todo integral sin clasificaciones o divisiones. Mirar el cuerpo desde abajo, situarnos, descender y salir de la medicina y lo monstruoso para crear nuevos imaginarios. Movilizarnos y movernos, interpelando la quietud de un cuerpo individual, simple. Shinapash, shuklla aychapi, ishkantin ushaywanmi awarishka kanchik. Chayta yuyarishpaka siamés aychakunaka ashtawan shuk yuyaykunaman pushawan. 

Retornar al cuerpo es entender que la piel que comparte el cuerpo siamés en su doble complejidad es como un manto que cobija un mismo motor, de allí la palabra la doble y única mujer del cuento de Palacio. Un cuerpo de dos cabezas, con sus cuatro brazos y dos piernas que les sirven como tentáculos de total apoyo. Esto les hace sentirse una, doble y completa. Si todxs retornáramos a éste sentido, entonces, éste cuerpo nos permite pensar que cada cuerpo que habitamos en sí es muy completo. Somos seres duales, yanantinta ashtawan yaypi charina kashkanchik. Así, se rompe con el mito de la búsqueda de la otra mitad, y el amor romántico-platónico. 

Por otro lado, la imagen del cuerpo siamés va tomando nuevas formas cuando interpelamos nuestros imaginarios binarios. Tal vez no todxs hemos tenido la oportunidad de acercarnos a un cuerpo siamés, por ello es importante indagarlo e imaginarlo saliendo de las normas. A mí especialmente me ha permitido conectarme con lo andrógino, ya no solo con lo andrógino andino como el otorongo, sino también en una androginia que puede habitarse en un cuerpo siamés. Sé que a alguien más le nació la curiosidad de hacerse un cuerpo siamés con plastilina, otra persona buscó una imagen siamesa y a partir de allí se construyó una imagen propia, etc. Por lo tanto, el cuerpo siamés irrumpe nuestras imágenes construidas e irrumpe nuestra estética de la mirada. ¿Qué miramos? y/o ¿cómo miramos?, ¿qué cuerpos se deben mirar y cuáles no?

De la misma manera, el cuerpo siamés nos interpela el lenguaje porque tiene que mostrar la dualidad impregnada en este cuerpo doble. Así por ejemplo en la Doble y única mujer, Palacio interpela la gramática y la lengua, para hablarnos de este cuerpo complejo. Él introduce a la mujer siamesa con las siguientes frases:

yo primera soy menor que yo segunda”

“voy adelante, arrastrando mi atrás”

“siendo como soy, dos y una”

“voy a hablar de mí como de nosotras”

“Ella la que es yo segunda quería ir (…), yo quería hacer lo mismo”

La lengua se irrumpe cuando hay cuerpos y subjetividades diversxs que necesitan ser mencionados. Al igual que Palacio juega con el lenguaje para nombrar el cuerpo siamés, también Herculine Barbin ollamadaAlexina B (biografía presentada por Focault) juega con lo masculino y femenino para nombrar su cuerpo intersex (de dos sexos). A lo largo de su texto pude leer frases como: 

“[Yo era] quieto y sanador (…) yo era fría, tímida, insensible a la alegría”

“Piadosa y dotada para el estudio (…) absolutamente separado de su madre”

“He sufrido solo, solo abandonado por todos”

Herculine es un claro ejemplo de poner voz a su cuerpo, nombrándose a sí mismo e irrumpiendo el lenguaje. Ahora, yo me pregunto qué sucede con la lengua en kichwa para nombrar estos cuerpos. En mis lecturas sobre esta búsqueda he llegado a un artículo de Ana Pino. Si bien no menciona los cuerpos siameses o intersex, la particularidad  de este texto es que ella menciona los nombres originarios que usaban nuestrxs ancestrxs para referirse a las diversas formas de relación. 

Por ejemplo, los yanachacuni significa “servirse un hombre de otro”y yanacani da alusión a “abrazarse dos mujeres desnudas”.Ambos términos obedecen al ideal isomorfismo, que basada en la cosmogonía significa una búsqueda del equilibrio. Un alcance de igualdad recíproca que es complementaria cuando un cuerpo muy parecido del mismo sexo se refleja en el otro, generando el equilibrio. Por lo tanto, lo que hoy se conoce en el mundo andino como homosexualidad sería un término de préstamo cultural ya que existen términos propios (Pino 2016 9 no párrafo). Sin duda esto necesita ser enriquecido con mayores esbozos. Allikuta maskashpa ñukanchik shimipi rimayta ushanchikmi kay shikanlla aycha, ushay-yaykunamanta.

Está claro que en el mundo precolombino existía una diversidad de subjetividades y relacionalidades, pero retornando al cuerpo siamés me pregunto ¿cuáles eran los términos propios para llamar a los cuerpos siameses y/o cuerpos dobles? Acaso en nuestra lengua ya no se trata entonces de irrumpir el lenguaje como Palacio o Herculine sino más bien ¿recuperarlo? Si sabemos de la existencia de los términos como yanachacuni y yanacani, entonces ¿habría términos propios para cada cuerpo diverso? Estas preguntas nos abren camino para pensar como runas desde nuestro espacio/tiempo sobre nuestros cuerpos habitados de diferentes formas y con diversas subjetividades. La intención no es traducir las subjetividades y cuerpos sino indagar sobre su posible nombramiento en nuestra lengua.

Finalmente, es importante reconocer el trabajo de Ugalde que actualmente junto a H. Benavides están emprendiendo investigaciones sobre estos cuerpos y géneros más fluidos en la época precolombina y están expuestos en MUNA (¡por si se animan a visitar!). Por otro lado, al igual que desde la literatura, Burneo, Palacios y demás escritores-investigadores están en el camino de regresar a los cuerpos diversxs para inventar nuevos imaginarios y lenguajes, a mí me abren paso para pensar en los cuerpos diferentes y hallar (tal vez recuperar) los nombres con los que se daba voz a lxs mismxs. 

Bibliografía:

Burneo Salazar, Cristina. “Cuerpo germinado”. En Cuerpo siamés. Quito: Turbina, 2016.

Barbin, Herculine. Herculine Barbin, llamada Alexina B. Presentada por Michel Foucault. Madrid: Talasa.

Palacio, Pablo. “La doble y única mujer”, Obras completas. Quito:Comisión Permanente de Conmemoraciones Cívicas, 2006, pp. 46-54.

Pino Jordán, Ana María. “Género” un concepto situado. En: Pluralismo Jurídico. Ponencias del I Congreso Internacional 2018. Eds. Boris Espezúa S y Juan Casazola C. Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas. UNA-Puno. Puno, Perú: mayo 2019. Pp. 213-219

Ugalde, M. F. (2017). “De siamesas y matrimonios: tras la simbología del género y la identidad sexual en la iconografía de las culturas precolombinas de la costa ecuatoriana”. En Trans. Diversidad de identidades y roles de género. Andres Gutiérrez Usillos Coord., 109-114. Madrid: Museo de América. Disponible en: https://www.academia.edu/34496090/De_siamesas_y_matrimonios_tras_la_simbolog%C3%ADa_del_g%C3%A9nero_y_la_identidad_sexual_en_la_iconograf%C3%ADa_de_las_culturas_precolombinas_de_la_costa_ecuatoriana

Créditos de la imagen: Tomado de Ugalde, M. F. (2017). “De siamesas y matrimonios: tras la simbología del género y la identidad sexual en la iconografía de las culturas precolombinas de la costa ecuatoriana”. PP112


[1] Mujer kichwa de Otavalo, Ecuador. Psicóloga Clínica e Investigadora

[2] Colectivo La Dupla, conformado por Paulina León y María Dolores Ortiz. 

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