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Las cletas en Chile

Mendoza a Santiago de Chile (el cruce de la cordillera)

Día 1

Nos despedimos de Mendoza, después de conocer la ciudad, la historia del vino y su producción, las olivícolas, además de visitar a amistades y contactos. Salimos el 19 de octubre con ganas de cruzar la cordillera y reencontrarnos con las familias en Santiago de Chile.

Como siempre, empezamos a pedalear tarde, a las 12h00 del medio día. La salida de Mendoza fue rápida, habíamos leído que era peligrosa por algunos barrios, sin embargo no tuvimos ningún problema. A la hora de pedaleo paramos en La Libertad, barrio en las afueras de Mendoza a almorzar.

Retomamos la ruta a las 14h00, existen algunas subidas con un desnivel de 1 y 2%, son subidas cortas y luego hay varias bajadas, lo cual hizo que la ruta sea una travesía. Nuevamente, la vía no tenía un espacio para la bicicleta por lo que entre susto y susto los camiones iban rebasando y nosotras de vez en cuando parando.

Desde las 15h00 empezó a llover y no paró hasta que nosotras nos detuvimos a las 17h30. Llegamos aproximadamente, 31 kilómetros desde Mendoza, cerca de la hidroeléctrica. Estábamos cansadas de la lluvia y empezamos a sentir frío, buscamos un lugar para poner la carpa y justo paró un señor en una combie quien nos dijo que nos podía acoger en su cabaña por esa noche de forma gratuita.

Se llama Fernando, él junto a sus hermanos gestionan un espacio turístico en la ruta para hacer rafting, además, tienen un espacio con piscina, lugar para hacer asados y pasar un maravilloso día en familia. El lugar es impresionante por la vista a los nevados y al río Mendoza.

Su emprendimiento se llama Betancourt Rafting. Fernando es competidor mundial de rafting y su hijo Valentín es subcampeón mundial de free style (acrobacias con kayak en ríos) en 2018. Fernando nos recibió en una cabaña con baño, agua caliente y además nos invitó a una rica cena.

Nos contó de su afición por el rafting y de su negocio, además, nos compartió sobre su vida deportiva, él practicaba triatlón. Muy felices y ultra cómodas, esa noche descansamos en las cabañas.

Día 2

A la mañana siguiente nos despertamos para retomar la ruta, sin embargo el clima seguía nublado y lloviendo. Fernando nos invitó a hacer rafting junto a un grupo de estudiantes de un colegio que venían de paseo.

Fue una hermosa experiencia, bajar el río Mendoza en un bote. Al terminar la mini aventura, nos alistamos y seguimos la ruta. Salimos a las 15h30 de las cabañas, nos despedimos de Fernando muy agradecidas por todo y empezamos a pedalear hasta Potrerillos.

La ruta en su mayoría es subida pero con cuestas de desniveles de 1 a 2 %. La subida es progresiva y no se siente porque también hay bajadas y planos. El paisaje empezaba a verse, se estaba despejando. Antes de llegar al Dique de Potrerillos, hubo una subida de 2.5 kilómetros de 3% de desnivel, cruzamos un túnel y de repente nos quedamos con la boca abierta. Vimos un paisaje maravilloso, el dique de Potrerillos con un color turquesa bajo los nevados de la cordillera frontal.

Nos paramos en el mirador a tomarnos fotos y después seguimos. Llegamos a Potrerillos a las 17h30 y encontramos un spot magnífico para acampar, era un bosque a orillas del río Mendoza.

Día 3

A la mañana siguiente nos despertamos animadas y llenas de energía tras el descanso lleno de paz en el bosque. Salimos a las 10h30 después de desayunar en la gasolinera rumbo a Uspallata, a 55 kilómetros de distancia.

La ruta empieza entre planos y subidas de desnivel máximo del 2%. Los paisajes son hermosos. Paramos a almorzar a lado de la vía a la 13h00 y retomamos la ruta a las 14h00, el viento estaba a nuestro favor, por lo que la ruta no fue pesada. Sin embargo, a partir de las 15h30 empezó a salir un sol muy fuerte que nos quemaba y nos agotó.

Llegamos a Uspallata con insolación a las 17h30, lo primero que hicimos fue parar en una cafetería a tomar un jugo helado para refrescarnos. Valen (nuestro amigo de Mendoza) quien ya había hecho esta ruta nos recomendó acampar en el camping municipal, así que eso hicimos, fuimos allá.

El lugar es bonito y cómodo, tiene baños (no tan limpios) pero todas las comodidades necesarias. Armamos la carpa, cocinamos la cena, tocamos el ukelele y nos acostamos a dormir. El plan era al día siguiente descansar y hacer algún trekking por los alrededores.

Día 4

Nos quedamos en Uspallata conociendo los alrededores. Hicimos una caminata por el viacrucis donde pudimos observar desde arriba nevados y todo el valle de Uspallata.

Aprovechamos y lavamos ropa, además de redactar artículos de la página web.

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Día 5

Nos levantamos temprano con la idea de salir a las 8h00 rumbo a Villa los Penitentes a 65 kilómetros de distancia. Entre armar la bici, desayunar, arreglarnos y charlar con una pareja de cicloviajerxs que también nos encontramos ahí en el camping, salimos a las 10h30 de Uspallata.

Después de pedalear 30 minutos, la cuñapita se dio cuenta que su llanta delantera estaba pinchada, por lo que paramos a arreglar. La ruta es travesía con subidas de 2% de desnivel cortas. Paramos a la 13h00 a almorzar y después retomamos la ruta. Cruzamos 2 o 3 túneles de distancia corta.

La última hora de pedaleo fue dura, teníamos el viento en nuestra contra y las subidas eran más largas pero progresivas. Decidimos parar en Punta de Vacas. Pedimos ayuda en Gendarmería, pero nos dijeron que no tiene espacio y que podemos acampar en un edificio abandonado cerca.

Fuimos a ver el edificio y armamos la carpa, veníamos muertas del hambre y no había kioskos, es un pueblo fantasma. Un señor de la zona nos aconsejó pedir comida a una señora que cocinaba bajo pedido al personal de Gendarmería, así que pedimos ensaladas y luego tomamos café.

En Punta de Vacas está uno de los ingresos al Parque Nacional Aconcagua, el ingreso a la cara sur. Había mucho viento, así que después del café nos fuimos a acostar en la carpa y descansar.

Día 6

La salida fue tranquila, nuestra idea era llegar a 20 kilómetros a Horcones para el mirador del cerro Aconcagua. Queríamos acampar dentro del parque para el día siguiente continuar al cruce de frontera.

Empezamos a ciclear después de dos cafés a las 11h00, todo es una subida progresiva de 1% de desnivel. Las dos primeras curvas fueron espectaculares, pero fue tomar la tercera curva y el viento iba en nuestra contra al punto que nos hacía perder el equilibrio.

Cicleamos con mucha más fuerza e intentando no caer por el viento, 17 kilómetros después nos encontramos con la población Puente del Inca donde decidimos parar a almorzar. En el restaurante nos dijeron que está prohibido acampar en Horcones así que mejor busquemos algún sitio por ahí.

Mientras buscábamos, nos encontramos con la pareja de cicloviajerxs que les conocimos en Uspallata, es una pareja Suiza que van viajando 4 años y medio por el mundo en bicicleta. Nos dijeron que se querían quedar en un hostel en Puente del Inca y que habían encontrado a más personas cicloviajeras.

Fuimos al hostel la Vieja Estación, Mati, el dueño del hostel nos recibió muy contento y nos hizo un descuento para quedarnos dentro y no tener que acampar. Estábamos 5 personas cicloviajeras: Briggite y su compañero (la pareja Suiza que viajan 4 años y medio), Javi (cicloviajero andaluz que va viajando 8 meses, pueden buscar sus redes y blog “Looking for the way”), y un cicloviajero argentino que salió de Bariloche y se quedó trabajando un año en Puente del Inca.

Después de unas horas llegó un cicloviajero inglés que ha recorrido en 4 meses desde Ecuador a Argentina, ya estábamos 7 personas cicloviajeras!!! Pero pocas horas después llegó Emmanuel, un cicloviajero italiano que era su segundo viaje en bici que acababa de iniciar en Chile.

Era la primera vez que la cuñapita y yo nos habíamos reunido por coincidencia con tantas personas metidas en el mundo del cicloviaje, todxs detenidxs por el viento que nos impedía seguir.

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Fue hermoso compartir experiencias, anécdotas, historias, risas, sustos, etc. Pasamos una linda noche con guitarra y vino. El plan era salir todxs juntxs a la mañana siguiente rumbo a Chile.

Día 7

Nos levantamos temprano con la idea de salir juntxs. Empezamos a pedalear a las 10h30, la pareja Suiza se despidió antes, el chico argentino salía para otro rumbo. Así que nos fuimos a la entrada del parque el chico inglés, el chico italiano, el andaluz, la cuñapita y yo.

En la entrada al Parque Nacional Aconcagua el inglés se despidió debido a que quería seguir con la ruta. Emma (cicloviajero italiano), Javi (cicloviajero andaluz), la cuñapita y yo caminamos al mirador para ver al gran monte Aconcagua, la montaña más alta de América. El viento y la niebla no nos permitieron apreciarla completamente, pero el momento fue espectacular estar cerca de esa majestuosa montaña.

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Nuestra idea era retomar la ruta después de la caminata, pero fue imposible empezó a caer agua nieve, y nos indicaron que en la frontera estaba nevando por lo que decidimos regresar al hostel.

Nos quedamos esa noche ahí, hicimos una cena de agradecimiento con tortilla española y un pastel vegano por el cumpleaños de Emma. Emma seguía su rumbo en otra dirección, Javi, la cuñapita y yo decidimos salir a la mañana siguiente muy temprano para evitar los fuertes vientos. (viento sonda)

Día 8

Salimos a las 8h30, hubo mucho viento, pero coronamos con fuerza la subida a las 10h00, pasamos el puente antes de Cuevas, llegamos al peaje donde es obligatorio pedir ayuda a Vialidad para cruzar el puente internacional debido a que está prohibido cruzar en bicicleta.

Un señor muy amable nos cruzó a lxs tres. Nos tomamos una foto en la frontera y seguimos rumbo a las oficinas de migración para registrar el ingreso. Empezaba la merecida bajada después de 8 días de subida. Llegamos a migración, sellamos el pasaporte, pasamos por aduana donde nos revisaron la bicicleta y cruzamos a Chileeeee!!!

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Bajamos emocionadxs los famosos caracoles hasta llegar a una población bajo de todo a almorzar. El primer almuerzo en Chile y ya sentíamos el precio alto de todo.

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Seguimos unos kilómetros más hasta Villa Aconcagua donde paramos a buscar un lugar para acampar. En la tienda Pablo, un habitante de la villa nos recibió muy amablemente en su casa. Villa Aconcagua un lugar encantador y acogedor, son casas de campo, con muchxs perrxs, calles pequeñas, flores, paisajes de los andes y un clima espectacular.

Pablo, vive en Villa más de 20 años, es mecánico, y tiene una linda casa, le invitamos a cenar lo que cocinamos, él nos invitó un vino y nos sentamos a comer. Esa noche nos dio un lugar dentro de casa para dormir, descansamos y a la mañana siguiente salimos rumbo a Santiago de Chile.

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Día 9

Llegamos a Los Andes, paramos en una gasolinera y nos dijeron que la vía a Santiago de Chile es complicada, debido al gran tránsito de vehículos, está prohibido el uso de la bicicleta y no hay un andén para ciclear. Así que decidimos pedir ayuda a un carro.

Una pareja chilena que viajaba en una camioneta nos llevó hasta el centro de Santiago de Chile. El ingreso después de algún tiempo a una gran ciudad es chocante pero estábamos felices, porque tanto nosotras como Javi en Santiago nos íbamos a encontrar con nuestra familia y amigxs.

Nos despedimos de Javi, y con la cuñapita cicleamos hasta la casa de mi tía Maria Eugenia y primo Mateo quienes nos recibieron de la mejor manera en Santiago de Chile. Más que felices llegamos y esperábamos con ansias a nuestra familia.

La Patagonia Chilena

El 29 de octubre llegaron mi papi y mami de Ecuador y el 30 de octubre llegó la mami de la cuñapita a visitarnos. Conocimos Santiago de Chile, Valparaíso, Viña del Mar y el 03 de noviembre tomamos el avión con las bicicletas hasta Punta Arenas, empezaba nuestra aventura en la Patagonia.

Por estas dos semanas dejamos de lado las bicicletas y aprovechamos de distintas maneras a nuestra familia que nos veían después de más de 8 meses.

No hay nada más lindo que el calor familiar, compartir momentos con las personas que más amas y te aman nos llenó de fuerza para continuar el viaje. El “plan” fue quedarnos hasta el 15 de noviembre en Puerto Natales y después retomar las bicis hacia El Calafate.

En la Patagonia hicimos los trekkings en el Parque Torres del Paine, conectarse con la naturaleza y la familia nos condujo a una sensación de armonía. Actualizarnos de las cosas nuevas que han pasado en nuestra vida, de los grandes cambios buenos y malos.

Tanto la cuñapita como yo disfrutamos de nuestras madres y mi padre cada una a su manera. La despedida fue muy difícil para las dos, fueron dos semanas espectaculares que esperamos que durante el recorrido se vuelvan a repetir.

En Puerto Natales nos quedamos 5 días más. La amiga de la cuñapita, ahora mi amiga también, Liv, administra un hostal en la ciudad, se llama Wild Hostel (recomendado un súper ambiente). Liv nos recibió con los brazos abiertos, ella y todo el staff del hostel (Jose, Fabi, Isa, Yiovanny e hijo) son personas llenas de vida, sonrisas y amor.

Liv nos dio la oportunidad de trabajar unas horas haciendo limpieza del Hostel a cambio de hospedaje. Así que pasamos cinco días apoyando con la limpieza en las mañanas y por las tardes conversando, tomando café,escribiendo y leyendo.

Nos sentimos como en casa en el Hostel, Liv y su perrito Hijo, nos hicieron sentir como en familia, lo que hizo que salir, fuera complicado. Pero muy pronto teníamos que partir, nuestra amiga Giulia con quien vivíamos en Lago Agrio (Ecuador) nos venía a visitar en El Calafate después de un año sin vernos.

Puerto Natales-El Calafate

Quisimos salir de Puerto Natales el 15 de noviembre hacia El Calafate, 370 kilómetros. La cuñapita, que es la encargada de planificar las rutas proyectó llegar en 4 días hacia la ciudad de El Calafate.

Nos levantamos temprano, desayunamos y empezamos a armar las alforjas, teníamos cosas nuevas, entre esas mucha comida que nos trajo la mamá de la cuñapita (aceite de oliva, frutos secos y jamón).

Cuando nos dimos cuenta de la hora era ya medio día, así que decidimos almorzar, de repente el clima cambió (algo clásico en la Patagonia, en 5 minutos puedes pasar por las cuatro estaciones). Empezó a llover sin parar, nuestras ganas de salir empezaron a bajar y solo un comentario de Liv de que nos quedáramos, hizo que decidamos partir al día siguiente.

Día 1

El 16 de noviembre partimos de Puerto Natales a las 8h30 am, salimos cuando estaba garuando, parecía poco, pero a la final unas cuantas horas en la bicicleta bajo lluvia hizo que nos mojáramos bastante.

Cruzamos frontera hacia Argentina por “Casas Viejas”, en migración chilena nos informaron que la próxima vez que ingresemos a Chile nos pueden pedir la cuenta bancaria y disminuir los días de permanencia, debido a que “normalmente” las vacaciones son de 15 días, y si estamos como turistas cómo podemos estar ya casi un mes en el país.

Admiradas con las declaraciones del funcionario, le pedimos que nos indique la ley, tal cual, estaba escrito en el reglamento, una manera de exteriorizar las políticas migratorias restrictivas de los Estados. La ley de migración chilena es del año 1975.

En migración nos informaron que debimos tomar ruta hacia Dorotea o ir por Castillo Viejo, porque la vía es asaltada y es más corto. Nos dijeron que el GPS siempre marca una ruta por donde estábamos yendo pero que no es la más corta ni la que está en mejores condiciones porque es trocha. Ya ahí, decidimos seguir. Como consejo informarse más sobre la vía por Castillo Viejo, según el personal de migración es más corto y mejores condiciones.

Seguimos la ruta, todo era trocha, pero estaba plano, sin muchos huecos, se podía pedalear sin mayor dificultad. Después de 3 kilómetros, aproximadamente, llegamos a migración Argentina donde nos dieron la bienvenida, admiradas de la aventura que hacíamos al viajar en bici.

Entre 8 o 10 kilómetros después, sentí que mi porta alforjas cayó y empezó a frenar la llanta. Me di cuenta que estaba mal sujeto, y que el señor que nos apoyó revisando la bici en Puerto Natales se le había pasado por alto ajustar unos pernos.

En medio de la vía paramos a arreglar, llovía levemente pero de manera constante lo cual hizo que nos empapáramos y que nuestra temperatura corporal bajase. Arreglé lo más rápido que pude y continuamos, a los pocos metros otra vez cayó el portaalforjas.

Por suerte estábamos cerca de dos casas, así que arrastrando las bicis fuimos hacia allá a pedir ayuda. Salió Eduardo y Dominga, una pareja chilena que cuida ganado en un gigante pedazo de tierra, ellxs trabajan ahí diez años.

Dominga, una mujer del campo, resolutiva, no encontró las herramientas exactas pero se inventó un repuesto provisional hasta llegar a 28 de noviembre. Es tan impresionante como la comodidad de la ciudad te convierte en una persona poco o nada resolutiva, mientras que en el campo desarrollas más la creatividad para buscar soluciones a todo.

Dominga y Eduardo nos invitaron a almorzar y a tomar café en su casa caliente, nos salvaron porque con el frío del clima durante horas, pasar un momento a una zona abrigada con chimenea y comida caliente nos alentó a seguir.

Salimos de la casa de la pareja a las 14h00 rumbo a 28 de noviembre, a 4 kilómetros nos encontramos ya con la ruta 40, la famosa ruta deseada por muchas personas que se dedican al cicloviaje.

Llegamos a 28 de noviembre a las 15h00 a pedir ayuda en un lavadero de carros frente al supermercado (este lugar nos recomendó la pareja) al llegar nos dijeron que no tenían esa pieza y que estaban ocupados por lo que nos enviaron a otro taller.

Fuimos donde el señor Dados, un hombre mecánico que me salvó, con sus herramientas ajustó la parrilla y dimos solución al problema. El señor estaba junto a su amigo quienes estaban admirados por el hecho de que viajemos dos mujeres en bicicleta. Les contamos sobre nuestro proyecto mientras compartíamos un mate caliente.

El amigo del señor Dados, trabaja en el municipio así que nos ayudó gestionando un lugar en el albergue para descansar esa noche. Fuimos al albergue del polideportivo donde dormimos ultra calientes.

Día 2

Nos despertamos temprano, cada una estiró a su manera, nos arreglamos y fuimos a desayunar en la estación de servicio en la salida del pueblo. Tomamos un café con medias lunas, estábamos felices de regresar a Argentina.

Empezamos a ciclear a las 09h15, los primeros 60 kilómetros son de pura travesía, con más subidas que bajadas. Las subidas son entre 1 y 2 % de desnivel. El viento no estuvo en nuestra contra, nos pegaba de lado izquierdo, lo cual hacía que nos inestabilicemos, pero no nos detuvo.

A los 50 kilómetros paramos a almorzar nuestro delicioso lunch y continuamos, unos pocos kilómetros más allá paramos a pedir agua, unxs chicxs pararon y nos brindaron agua, además nos dijeron que existe un desvío para El Calafate que corta el camino, que es todo de ripio y que los paisajes son espectaculares.

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Decidimos ir por allí, así que paramos en Tapi Aike, después de haber pedaleado 80km. Los últimos 20 kilómetros fueron planos y con algunas inclinaciones hacia abajo. Llegamos al lugar, solo hay tres edificios: estación de servicio, gendarmería y vialidad.

Pedimos techito en vialidad y nos dieron una cabina, fuimos a cenar y hablamos con el señor encargado de las instalaciones, quien nos invitó un rico pan hecho por él. Esa noche descansamos bajo techo y abrigadas. A la madrugada se sentía el fuerte viento patagónico que parecía que las cabinas saldrían volando, estábamos agradecidas de no haber optado por acampar.

Día 3

Despertamos después de un rico descanso, sentíamos los músculos de las piernas y la espalda por lo que estiramos y empezamos con la jornada. Después del desayuno en casa del señor de vialidad salimos a la ruta. Nos esperaban 70 kilómetros de trocha, según el señor muchas personas ciclistas lo hacían en una jornada y nos dijo que estaba en buen estado la vía.

Partimos a las 09h00, desde que empezamos se sentía el viento que nos empujaba hacia el lado derecho, teníamos que hacer fuerza en los brazos y manejar súper bien el manubrio para no caer. El camino es plano, existen contadas subidas, no prolongadas de máximo 3% de desnivel. Hay piedras sueltas pero si es apto para recorrer en bicicleta.

En medio de ruta tuvimos unos cuántos inconvenientes: dos aflojes de tornillos de alforjas de la cuñapita que solucionamos inmediatamente, caída de sillín de la cuñapita y como no podía faltar un pinchazo de mi llanta trasera.

Literal íbamos saltando en la ruta con el viento que nos pegaba de lado izquierdo y nos arrojaba al lado derecho. Como a medio día, miré por el retrovisor y vi a dos sombras, parecían dos motos, pero me admiraba que no nos alcanzaban, decidimos parar para ver de qué se trataba, eran dos cicloviajeros australianos con unas bicicletas de neumáticos 29×3, sus llantas increíbles, ellos iban disfrutando de la vía, ya que ni la sentían.

Empezamos a conversar muy efusivamente, nos preguntaron del viaje y nosotras sobre el viaje de ellos. Quedamos en parar unos kilómetros más allá para compartir el lunch. Así fue, paramos y empezamos a cocinar nuestro arroz con quinoa y aderezos, ellos también comieron un mix de arroz con verduras.

Después de un largo tiempo de descanso, conversaciones, compartir anécdotas en el lunch, retomamos la ruta.

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Ahí tuvimos el problema del sillín y el pinchazo. La segunda parte tuvimos suerte con el clima, hubo sol y poco viento. Llegamos a los 48 kilómetros y paramos en una casa abandonada donde nos encontramos con los chicos australianos, decidimos quedarnos la noche ahí, eran las 18h30.

Compartimos una rica cena de pescado, arroz y sopa. Como a las 20h00 llegó el chico que viajaba caminando por América, se llama Oliver y lo pueden seguir a través de sus redes sociales (the walking man) su objetivo es recorrer desde Ushuaia hasta Alaska caminando.

Es sensacional conocer a gente que comparte tu locura, pero más allá de eso, gente que sin importar nada, rompe barreras y sale a complir sus sueños. Pasamos la noche en la casa abandonada, con un poco de frío, pero descansamos bien.

Día 4

A la mañana siguiente teníamos la idea de completar el camino atajo de ripio, nos faltaba 22 kilómetros para conectar con la famosa ruta 40 que ya era pavimentada, desde la conexión a El Calafate eran 100 kilómetros. Nuestra idea era llegar el 19 de noviembre a El Calafate porque nuestra amiga Giulia llegaba el 20 para un súper reencuentro después de más de un año.

Empezamos la jornada de bicicleta a las 09h30, desde el inicio era imposible ciclear, tanto para la cuñapita como para mi ha sido una de las rutas más difíciles. El camino está en óptimas condiciones, a pesar de ser de ripio, el desnivel de las subidas es leve y no son subidas alarmantes, el mega problema e impedimento para que sea la ruta difícil fue el viento.

Es la primera vez que sentíamos el verdadero viento patagónico, la inestabilidad que se genera en la bicicleta hizo que me cayera miles de veces. La cuñapita tiene más habilidad para manejar su bicicleta en caminos de ripio y viento, no tuvo tantas caídas, sin embargo, las dos tuvimos que parar algunas veces a hacer toda la fuerza que teníamos para que el viento no nos empujara fuera de la vía con todo y bicicleta.

Llegó un punto que yo no quería seguir, ya no quería saber de nada, lo único pedir ayuda, pero no pasaban carros, el ánimo de la cuñapita fue expecional, me apoyó a seguir y me decía siempre “ya falta poco ami”. Después de 4h30 en la ruta por tan solo 22 kilómetros, llegamos muertas, como que nos hubiesen dado una paliza, quemadas la cara.

Los chicos australianos nos estaban esperando, ellos habían llegado hace dos horas. Nos preguntaron si queríamos seguir con ellos por otro camino de trocha hacia El Calafate, obviamente dijimos que no, que estábamos muy cansadas y que teníamos apuro en llegar a El Calafate.

Fue llegar a las oficinas de vialidad, el señor muy amablemente nos invitó un mate (ultra fuerte), nos sentamos y decidimos pedir ayuda a los carros hasta El Calafate porque el viento estaba en nuestra contra los 100 kilómetros.

Estuvimos 1h30 pidiendo ayuda en la carretera. Mientras esperábamos llegó el chico que venía caminando, venía muy cansado pero satisfecho de haber logrado cruzar la gran trocha. Después de esperar y esperar, paró un señor en un camión quien nos llevó hasta El Calafate.

Llegamos a la ciudad a las 18h00, buscamos un lugar para comer y después decidimos ir a un hostel para tener una noche de un buen y merecido descanso.

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