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A Viva Voz, una respuesta emergente en la localidad fronteriza de Futaleufú

 

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Un lunes a mitad de marzo, tras la energizante marcha del 8M en Coyhaique -capital de la Región de Aysen de Chile-, nos despedimos de Mariza, activista feminista del colectivo Mujeres Desnudando. Antes de partir rumbo al norte, nos puso en contacto con Alejandra de Futaleufú (Región de los Lagos de Chile) para poder conocer en primera persona el trabajo de las compañeras del colectivo feminista de frontera a Viva Voz, una iniciativa que surge como una respuesta emergente en la frontera.

Mariza nos marcó un antes y un después, nos dejó con nuevos interrogantes, nos transmitió pasión, sabiduría, rebeldía y libertad. Delante de la Casa de la Cultura, nos fundimos en un abrazo cargado de energía y de alegría, tintado con algo de nostalgia.

Después de dos meses sin pedalear, retomamos nuestras yeguas de acero con mucho entusiasmo. Dos meses en los que pasamos de ser nómadas a sedentarias. La ruta nos esperaba, cargada de muchas historias.

El lunes siguiente, Ale nos abrió las puertas de su casa en Futaleufú, en la que tan sólo al entrar, se percibía rebeldía y espíritu crítico. La primera sala a la que entramos fue la cocina de madera en dónde presidía el fogón, arriba del cual había varias semillas y avellanas que se estaban secando. Tenía cereales, granos y todo tipo de hortalizas frescas provenientes de su huerta. Estaba atareada con varios talleres, entre ellos, terminando un proyecto de formación en construcción en barro con vidrio; sin embargo, no dudo en compartir parte de su tiempo con nosotras.

Una de las sabias frases que más escuchas en la Patagonia: “Quién se apura en la Patagonia, pierde su tiempo“. Y eso hemos aprendido en nuestro día a día.

Después de un rico almuerzo con personas queridas de Ale, nos sentamos en su jardín, en dónde pasa gran parte de su tiempo, con las manos empolvadas, sembrando, cosechando. Tiene una relación estrecha con la tierra.

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Marina: Alejandra, cuéntanos acerca de ti.

Alejandra: Soy huertera, más bien, aspirante. Sigo aprendiendo y mejorando. Me gusta mucho tejer con la materia prima de la zona y crear lazos con otras mujeres que igualmente realizan esta labor; creas un vínculo estrecho. Me gusta compartir en comunidad, especialmente con mujeres. Además, estoy aprendiendo a construir con barro, recuperando así los hábitos ancestrales de mis abuelas y abuelos. Estoy (re)aprendiendo. Ahora mismo, estamos terminando unas sesiones para construir un fogón en barro en una sede social en la Junta de Vecina/os en Río Chico.

Marina: Están impulsando proyectos auto-suficientes?

Alejandra: Hace décadas que Futaleufú es auto-suficiente. Durante mucho tiempo, la localidad no tuvo conexión con el resto del país ni una buena relación con Argentina, teniendo en cuenta que la frontera está a 10 kilómetros; por lo que se sobrevivía con lo que se cultivaba y proveía la naturaleza. Futaleufú siempre ha estado un paso adelante.

Marina: ¿Cómo nace el colectivo feminista a Viva Voz del que haces parte?

Alejandra: A Viva Voz se formó hace alrededor de cinco meses con doce mujeres. Nos juntamos para dar lugar a una primera manifestación con el objetivo de denunciar la impunidad de agresores de varios casos de violencia machista acaecidos, entre ellos, perpetuados por dos concejales. No queremos ser parte del silencio cómplice, así que conversando, hicimos un primer llamado y alrededor de quince mujeres participamos en la primera marcha pacífica. A lo largo del encuentro, se acercaron varias mujeres que habían sido agredidas igualmente. A Viva Voz nace como una urgencia en la localidad, con la necesidad de tomar acciones de denuncia y de apoyo.

Marina: ¿Cuál es el enfoque del colectivo?

Alejandra: Somos pocas pero muy diversas. Hace poco, realizamos un encuentro de mujeres en dónde cada una que quería, regalaba su tiempo y sabiduría. Hubieron talleres de defensa personal, copa menstrual, condones femeninos, producción de jabones, masajes, etc. Fue una jornada de mujeres para mujeres.

Futaleufú como te decía antes, está aislado del resto del país, por lo que estamos empezando desde cero, sin modelo de referencia. Hace poco tiempo, con el objetivo de hilar nuestros campos de acción y objetivos, nos reunimos con dos compañeras – Mariza y Norma- de Mujeres Desnudando de Coyhaique. Tras varias jornadas, nos toca ahora reunirnos y asentar los aprendizajes, enfoques y campos de acción que queremos tener. Hasta ahora, hemos acompañado un caso de denuncia por abuso sexual, en el cual el Fiscal de Palena insistió a la superviviente para que no interpusiera la denuncia. La atención e investigación por parte del Ministerio de Justicia es insuficiente. Se nos vulnera constantemente nuestros derechos, se nos culpabiliza, y el agresor, se convierte súbitamente en la víctima del caso.

Es nuestro momento de alzar la voz y de decir lo que no está bien. Por ello, este 8 de marzo, gritamos ochenta personas en la marcha de la localidad. Fue la primera, y además, liderada por mujeres, defendiendo la no violencia, a sabiendas de que Futaleufú es un pueblo violento, por mucho que sólo se quiere enseñar la cara bonita de la atracción turística.

Se va sumando gente, ya no somos las diez que empezamos. Somos muchas más. Me llena de orgullo saber que no estamos solas, fue impresionante ver lo que pasó a nivel internacional. Aunque a Viva Voz no nació como una copia de un movimiento externo, sino aquí, en la localidad por sus necesidades, hemos recibido apoyo de fuera.

Estamos trabajando en conseguir recursos, en auto-formarnos, en tener más argumentos para defendernos de la gente que nos ataca porque “estamos haciendo algo fuera de la cultura“.

A Viva Voz se caracteriza por mujeres de todas las edades, lo que nos ayuda a enfrentar las situaciones con diferentes miradas, afirmando una visión más integral. Trabajamos con transversalidad, sin jerarquías. Estamos en definitiva aprendiendo a organizarnos, ojalá para ser más.

Marina: ¿Cómo hacen para romper con las jerarquías en su colectivo?

Alejandra: Nos reunimos por whastapp. En las reuniones, tomamos decisiones por mayoría. Todos los acuerdos se hacen públicos para poder opinar sobre ellos. Siempre se deja la posibilidad de tomar decisiones a quién no puede participar. Nos juntamos igualmente a pintar lienzos, conversar y reflexionar.

Las mujeres que han participado hasta ahora dicen que les ha venido bien porque se trata de un grupo diferente, un nuevo espacio. Así, ampliamos la visión para escucharnos, para aprender, para que nos entiendan. Por ejemplo, hay funcionarias del Hospital que participan, y desde su incorporación, se han encargado en trasladar la información que nos incumbe a éste. Las supervivientes de violencia machista suelen acudir en un primer lugar al hospital, por lo que las transcripciones de las/os doctora/es son fundamentales para un posible juicio a futuro. Hemos hablado con el Director para que dé las pautas a su personal de escribir literalmente lo que dicen las mujeres supervivientes de violencia.

Marina: ¿Cuál ha sido la respuesta por parte del sector público frente a la creación del movimiento feminista?

Alejandra: La mayoría son hombres. No sé si dan respuestas políticamente correctas, pero la acogida ha sido más bien positiva. Sin embargo, necesitamos ver cambios, de cómo generan conciencia, de cómo reciben y dan seguimiento a las denuncias.

Futaleufú es un pueblo bonito, turístico. Hay una ausencia total de crítica de fondo social. No quieren que se hable acerca de lo que pasa dentro. Fuimos acusadas de que el turismo en la localidad había disminuido por la campaña de no violencia que organizamos. Piensas que haces algo bueno para tu pueblo, y te tildan de repercutir en la economía local.

Marina: ¿Qué logros y desafíos esperas en un futuro?

Alejandra: Más unidas, lograremos la credibilidad de nuestra comunidad. Haremos que las autoridades sepan que existe una asociación para hacer juicios públicos.

Uno de los mayores desafíos es lograr cambios culturales a largo plazo. Para ello, tendremos que trabajar en escuelas para erradicar el modelo de violencia tan arraigado mientras que, una gran parte lo defiende como parte de las costumbres. No son acciones aisladas, se entrelazan para crear conciencia a niñas, niños y adolescentes de que no hay que replicar los modelos violentos actuales. Educar en libertad, en igualdad.

Al hacer público los hechos, las denuncias, nuestras opiniones, generamos un eco en la cabeza de la gente, haciendo saber que no estamos de acuerdo, que no está bien.

Carolina: ¿Qué te ha aportado el feminismo?

Alejandra: Mucho. Me dí cuenta con mi edad de que me había mantenido indiferente a los movimientos de género, feministas, porque pensaba que estaba en una situación favorecida al no haberme tocado ningún episodio de violencia; hasta que abrí los ojos, y me dí cuenta de que las estaba viviendo. A lo mejor no las violencias explícitas a las que una está acostumbrada a ver en los titulares de la televisión, pero si violencia cultural, la que marca y define tu personalidad, tu forma de ser. Participar en este grupo me ha hecho cuestionar mi historia personal, familiar y cultural. Hacer ese cambio ha sido muy significativo para mí, el mismo que quiero para mi familia, amigas, compañeras.


Para seguir el trabajo de las compañeras: https://www.facebook.com/vivavozfuta/

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